{"id":210,"date":"2026-05-21T10:53:29","date_gmt":"2026-05-21T08:53:29","guid":{"rendered":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/?p=210"},"modified":"2026-05-21T17:56:53","modified_gmt":"2026-05-21T15:56:53","slug":"los-zapatos-de-maria-antonieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/los-zapatos-de-maria-antonieta\/","title":{"rendered":"Los zapatos de Maria Antonieta"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Relato ganador del XII CERTAMEN DE RELATO BREVE RELATOS CON ZAPATOS\u00bb (Fundaci\u00f3n Caja Rioja; Arnedo, La Rioja) en 2019.<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">T\u00edmidos rayos de un oto\u00f1al sol de octubre asoman por encima de tilos y casta\u00f1os imponi\u00e9ndose a las gris\u00e1ceas sombras del alba, iluminando la senda que une los jardines de Versalles con el <em>petit Trianon<\/em>, el refugio privado de la reina. Bajo la luz acogedora de un templado amanecer, se desliza solitaria la bella silueta alargada de la joven soberana de Francia. Mar\u00eda Antonieta, agotada y exhausta por los recientes acontecimientos, busca refugiarse en una soledad que le es tan ajena como desconocida. Se ha vestido con un sencillo traje matinal a la polonesa, con falda drapeada por tres bullones recogidos en la espalda, que le permite caminar m\u00e1s ligera, ahorr\u00e1ndose la incomodidad del polis\u00f3n y las ballenas; adem\u00e1s de mostrar los zapatos y evitar que la tela arrastre por el suelo limitando sus movimientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los zapatos que ha elegido aquella ma\u00f1ana est\u00e1n tan alejados del rococ\u00f3 imperante en palacio como de la inspiraci\u00f3n oriental tan del gusto de la reina. La soberana ha sorprendido a sus camareras rechazando chinelas con lazos de seda y lujosos zapatos de tela con tac\u00f3n franc\u00e9s, de los que por cientos pueblan su guardarropa, antes de elegir unos ligeros botines amarillos de gamuza, con escaso tac\u00f3n y sin otro ornamento que unas sencillas hebillas de plata.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1448\" height=\"1086\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Trianon-Acuarela.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-212\" style=\"width:393px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Trianon-Acuarela.png 1448w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Trianon-Acuarela-768x576.png 768w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Trianon-Acuarela-300x225.png 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Trianon-Acuarela-850x638.png 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 1448px) 100vw, 1448px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Le petit Trianon<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Antonieta evita hacer ruido con sus pisadas, como si huyera en silencio del gran palacio, de las monumentales escalinatas, de las estancias inmensas y profusamente decoradas, de las verandas y parterres de sus jardines; lugares donde ha disfrutado de una vida disoluta, distante y ajena a las cuitas del pa\u00eds sobre el cual reina. Huye de un Versalles abandonado por la nobleza y asediado por la Asamblea Nacional; por los representantes del pueblo juramentados meses atr\u00e1s en el Juego de Pelota, con el firme prop\u00f3sito de dotar a Francia de una Constituci\u00f3n que el propio rey habr\u00e1 de acatar. Desde entonces, estos diputados que ella considera facciosos, a los que su timorato esposo no ha sabido meter en cintura ni castigar por su sedici\u00f3n, no han cesado en su empe\u00f1o de aprobar leyes y decretos contra ella, acos\u00e1ndola con sus escritos y legajos. La mujer que nunca se hab\u00eda preocupado de la pol\u00edtica, a la que embajadores y ministros aburr\u00edan sobremanera; la soberana para la cual se confeccionaban trescientos trajes y cien pares de zapatos anuales; la reina del despilfarro, los bailes, las mascaradas y las representaciones en la \u00d3pera, siente ahora sobre s\u00ed el implacable ataque de un pueblo desconocido. No conoce Francia, nunca ha viajado m\u00e1s all\u00e1 de Par\u00eds; jam\u00e1s ha hecho nada por rebatir las terribles infamias que sobre ella han circulado a lo largo de a\u00f1os en peri\u00f3dicos y libelos; ni una sola vez se ha acercado a unos s\u00fabditos a los que los privilegios y abusos seculares de nobles y ministros han abocado a la miseria y la desesperaci\u00f3n. S\u00f3lo ahora se percata de que es ya tarde para enmendar las afrentas y envolverse en el arrepentimiento, para intentar cambiar el rumbo de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Huye de su esposo, rey d\u00e9bil e indolente que impert\u00e9rrito contempla c\u00f3mo la naci\u00f3n heredada de su abuelo se transforma, excluy\u00e9ndolo a \u00e9l y a su familia del nuevo orden. Luis XVI es un hombre incapaz para el gobierno, falto de toda audacia, de esp\u00edritu burgu\u00e9s y capaz de no perder el sue\u00f1o o el apetito por circunstancia alguna; ni tan siquiera lo ha perdido ante la forja de una Revoluci\u00f3n que avanza hacia su derrocamiento. Ha sido un marido ausente y desapasionado que durante los siete primeros a\u00f1os de su matrimonio no fue capaz de consumarlo y estigmatiz\u00f3 con ello a la joven y bella Mar\u00eda Antonieta; haci\u00e9ndola asumir, con frustrante resignaci\u00f3n, la renuncia a los placeres del lecho y oblig\u00e1ndola a luchar contra sus m\u00e1s \u00edntimas pasiones. La reina ha tenido que acallar sus inquietudes y anhelos para no caer en el adulterio, inaceptable para una joven archiduquesa de Habsburgo. Tuvieron que pasar siete largos a\u00f1os desde su boda para que el pusil\u00e1nime rey fuera capaz de engendrar al primero de los cuatro hijos que nacer\u00edan de su vientre, poniendo fin a semejante humillaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Antonieta huye tambi\u00e9n de su propio miedo, de la incertidumbre y el terror que ahora atenaza su coraz\u00f3n. Teme por su vida y la de sus hijos. Nunca en la historia de la milenaria Francia las semillas del mot\u00edn y la revuelta germinaron con semejante celeridad como en aquel verano de 1789. El pueblo, impaciente por convertir los tiernos brotes verdes de la libertad en robustos y le\u00f1osos tallos que ninguna guada\u00f1a extranjera sea capaz de hacer caer bajo su filo, decidi\u00f3 regar con sangre el titubeante y escabroso proceso iniciado por la Asamblea Nacional. Los ciudadanos de Par\u00eds, agitados por Camille Desmoulins, profeta de la libertad, enardecidos por el hambre y ah\u00edtos de abusos e injusticias seculares, empu\u00f1aron las armas y tomaron la Bastilla escenificando as\u00ed su determinaci\u00f3n. La Revoluci\u00f3n es un movimiento tormentoso, desatado e irreversible; una hoguera pavorosa alimentada y propagada por la ira del pueblo franc\u00e9s, que logra mayores conquistas cuanto m\u00e1s rudamente alborota y vislumbra la meta de la libertad por el atajo de la violencia.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"370\" height=\"454\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/descargar-14.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-214\" style=\"aspect-ratio:0.8150002195582488;width:254px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/descargar-14.jpg 370w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/descargar-14-300x368.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Camille Desmoulins<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta ma\u00f1ana de octubre la reina huye pues de s\u00ed misma, del rey a quien detesta y de la incipiente Revoluci\u00f3n a la que teme. Con paso presuroso llega al <em>petit Trianon<\/em>, palacete regalado por Luis XVI a su joven y bella esposa; un lugar otrora poblado por alegr\u00eda y fiestas, juegos y representaciones, m\u00fasica y poemas, que ahora desfallece ante sus ojos sumido entre el m\u00e1s profundo silencio y un absoluto abandono. Pero no le importa. Eso es lo que busca la reina esta ma\u00f1ana de octubre. Desea descansar unas horas, alejada de toda pol\u00edtica; olvidar por un instante sus amarguras y evocar tiempos m\u00e1s felices en aquel parque oto\u00f1al donde los estanques reflejan los colores ocres y rojizos de la arboleda que se apaga. La reina se acomoda en un banco de piedra, alza los bajos de su falda y contempla sus zapatos. Recorre con devota mirada la suavidad de la piel de gamuza, el cuero del animal alpino que le permitir\u00e1 volar tan lejos como sea posible, lejos de Versalles, de aquel entorno sofocante y obsceno que la envuelve, que la oprime sin remedio, que la trata de aplastar con el peso infinito de la historia. Podr\u00eda abandonar su traje en la espesura y vestirse con ropa de hombre, echar a andar y alejarse de su jaula dorada; podr\u00eda huir incluso en camisola o sin ropa si fuera preciso; pero nunca podr\u00eda hacerlo descalza, sus d\u00e9biles pies desnudos no podr\u00edan hollar la agreste espesura de los bosques ni la pedregosa superficie de los caminos. Unos simples zapatos pueden llevarla ahora mucho m\u00e1s lejos que el m\u00e1s fogoso de sus caballos o cualquier carruaje, que ser\u00edan interceptados apenas traspasase la puerta de las caballerizas. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reina no puede evitar acordarse de su amigo y palad\u00edn, el \u00fanico a quien realmente ha abierto su coraz\u00f3n, el caballero Axel de Fersen. Ahora, en la adversidad, ella se da cuenta del significado del verdadero amor, de la trascendencia de los sentimientos m\u00e1s all\u00e1 de la propia existencia, de lo superficial que ha sido todo en su vida y de la escasa atenci\u00f3n que ha dedicado al \u00fanico hombre que se acerc\u00f3 a ella movido por un sentimiento realmente noble. Mientras lo a\u00f1ora, en aquel breve intervalo de sosiego, escucha el trino alegre de las aves saludando al nuevo d\u00eda y cierra sus ojos para regocijarse con el goce intenso de sus sentidos, aspirando con suavidad los aromas de las \u00faltimas flores en los bancales antes de que venga el invierno; sumergi\u00e9ndose en esa fuerza inalterable de la naturaleza que la reconforta, ajena a las leyes de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group galeria-reducida\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained\">\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1117\" height=\"1409\" data-id=\"217\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Luis-XVI-Web.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-217\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Luis-XVI-Web.png 1117w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Luis-XVI-Web-768x969.png 768w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Luis-XVI-Web-300x378.png 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Luis-XVI-Web-850x1072.png 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 1117px) 100vw, 1117px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Luis XVI<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1155\" height=\"1362\" data-id=\"218\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Maria-Antonieta-Web.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-218\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Maria-Antonieta-Web.png 1155w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Maria-Antonieta-Web-768x906.png 768w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Maria-Antonieta-Web-300x354.png 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Maria-Antonieta-Web-850x1002.png 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 1155px) 100vw, 1155px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Maria Antonieta<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1122\" height=\"1402\" data-id=\"215\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Fersen-Web.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-215\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Fersen-Web.png 1122w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Fersen-Web-768x960.png 768w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Fersen-Web-300x375.png 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Fersen-Web-850x1062.png 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 1122px) 100vw, 1122px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Axel de Fersen<\/figcaption><\/figure>\n<\/figure>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Densos nubarrones grises comienzan a asomar por el horizonte y amenazan con ocultar el sol, icono de una dinast\u00eda que agoniza, cuando un correo acude con terribles noticias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1La revuelta ha estallado de nuevo! El suministro de pan ha sido interrumpido en Par\u00eds durante dos d\u00edas y una turba de mujeres hambrientas, dirigidas por un tal Maillard, han tomado el Ayuntamiento y se han apoderado de un arsenal de picas, sables, pistolas y fusiles, enervadas por la noticia que manos interesadas, mu\u00f1idoras del mot\u00edn, han hecho circular por la ciudad sobre un pantagru\u00e9lico fest\u00edn con que cuatro d\u00edas antes los soberanos han obsequiado al regimiento de flamencos que protege el palacio. Aquellas madres fam\u00e9licas que a diario ven morir a sus hijos de hambre, contemplan con redomada indignaci\u00f3n c\u00f3mo los diputados languidecen en Versalles debatiendo sobre los derechos del hombre y del ciudadano, mientras ellas acechan al invierno, entierran a sus v\u00e1stagos enflaquecidos y soportan la carest\u00eda agravada por la falta de pan. No es de extra\u00f1ar que decidan lanzarse, vociferando su odio y su enojo como amazonas furibundas y sedientas de sangre, en pos de los causantes de su desgracia. La multitud se mueve bajo gritos de \u00ab\u00a1El rey a Par\u00eds!\u00bb \u00ab\u00a1A Versalles!\u00bb. Acuden al refugio de la alima\u00f1a, armadas con el hierro y la p\u00f3lvora necesaria para cazarla y conducirla a buen recaudo como garant\u00eda para alcanzar sus pretensiones. Ocho mil <em>furias<\/em> exaltadas, al paso de cajas y tambores, marchan hacia el palacio a pie, bajo las primeras gotas de una tormenta que ya ha comenzado a descargar sobre ellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reina recoge su sombrero y se pone en marcha con tal premura que obvia lanzar una sola mirada hacia aquel palacete querido y aquel paisaje que puebla sus sue\u00f1os; pues no sospecha que est\u00e1 viendo por \u00faltima vez en su vida la suave hierba de sus jardines, el templete del amor y el estanque en cuyos m\u00e1rgenes tantas veces disfrut\u00f3 de la belleza de la naturaleza. Sus ojos nunca volver\u00e1n a contemplar el <em>petit Trianon<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando llega al palacio, la lluvia se ha desatado sobre Versalles. Empapada, se acoge a la protecci\u00f3n del edificio donde reina la mayor de las confusiones, ante el rumor estrepitoso de aquel ej\u00e9rcito de mujeres que ya avanza por la avenida de Par\u00eds. Mar\u00eda Antonieta accede al sal\u00f3n del consejo y contempla a su indolente esposo instalado en la indecisi\u00f3n y vacilaci\u00f3n habitual. El ministro Saint-Priest le insta a elegir entre la fuga a Ramboulliet o desplegar a los dragones y el regimiento flamenco delante del palacio y hacer frente a las osadas mujeres; pero el rey no decide y deja escapar un valioso tiempo que ya nadie le devolver\u00e1. En mitad de la confusi\u00f3n, Fersen llega a u\u00f1a de caballo, descabalgando en las mismas escalinatas de Versalles para acudir junto a la reina en el grave trance que se avecina e incorpor\u00e1ndose al consejo que delibera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras tanto, miles de mujeres ateridas, empapadas por la lluvia y cubiertas de lodo del camino, avanzan con paso firme y enloquecida determinaci\u00f3n, elevando el clamor de sus c\u00e1nticos revolucionarios por encima del estr\u00e9pito de la tormenta. Como un torrente desatado que arrastra \u00e1rboles y cantos rodados en una argamasa ca\u00f3tica de agua y lodo, miles de Judiths en busca de Holofernes penetran en palacio ante la pasividad de los guardias. El rey vacila, titubea y a\u00fan medita sobre qu\u00e9 decisi\u00f3n adoptar, cuando recibe a una comisi\u00f3n encabezada por el presidente de la Asamblea, Monnier, guiando a seis mujeres elegidas entre aquel ej\u00e9rcito de modistas, pescaderas, sirvientas y meretrices, deseosas de presentar sus demandas ante Luis XVI.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"360\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/LAS-MUJERES-Y-LA-REVOLUCION-FRANCESA.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-216\" style=\"width:558px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/LAS-MUJERES-Y-LA-REVOLUCION-FRANCESA.jpg 640w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/LAS-MUJERES-Y-LA-REVOLUCION-FRANCESA-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Las mujeres de Par\u00eds se dirigen a Versalles<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reina rechina de indignaci\u00f3n y no disimula su rencor encendido hacia aquellos rostros ojerosos, h\u00famedos y enjutos, que simbolizan el movimiento que a ella le niega su condici\u00f3n de mujer por encima de la de reina. El rey contemporiza con la delegaci\u00f3n y promete pan, reformas y todo aquello que reclaman. Mar\u00eda Antonieta siente escalofr\u00edos y se estremece al ser testigo de la claudicaci\u00f3n de la corona. Su marido rinde la plaza sin lucha, entrega la naci\u00f3n a los revoltosos; incapaz en la defensa de sus derechos y su legado, aboca a la familia real a ponerse en manos de quien tan s\u00f3lo corea c\u00e1nticos obscenos y amenazas contra ella y sus v\u00e1stagos; se echa en los brazos del verdugo, sin oponer resistencia alguna. Arrobada e incapaz de soportar la pat\u00e9tica conducta del rey Mar\u00eda Antonieta se retira a sus aposentos. En el pasillo, con disimulo, Fersen, que no se ha separado de su lado, le susurra al o\u00eddo unas palabras que a pesar de su crudeza son un atisbo de esperanza para su atribulada alma: \u00ab<em>Os quieren a vos, vuestros hijos no peligran; piden vuestra cabeza. Esperadme en vuestra alcoba esta noche, con los zapatos puestos. Preparar\u00e9 la fuga y os pondr\u00e9 a salvo<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella noche, las ocho mil mujeres se instalan en palacio. Todos los soportales de Versalles, antesalas, capillas, escalinatas, cuadras y cuarteles son poblados por aquel ej\u00e9rcito de madamas, ninfas y proletarias que sabiamente dirigido y alentado se guarece de la lluvia. Confraternizan con los guardias y sirvientes gan\u00e1ndolos para su causa, mientras discuten con los diputados sobre las propuestas del rey y las garant\u00edas a exigir. Todos coinciden en la necesidad de trasladar al mismo rey y sus hijos a Par\u00eds, en concepto de rehenes de sus promesas. Ha llegado el marqu\u00e9s de Lafayette a Versalles al frente de la Guardia Nacional, el ej\u00e9rcito republicano, cuyos integrantes nada m\u00e1s llegar se entremezclan y solazan con las que son sus amadas, esposas, hermanas y vecinas.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1101\" height=\"1429\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Lafayette-Web.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-213\" style=\"aspect-ratio:0.7704616641699578;width:219px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Lafayette-Web.png 1101w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Lafayette-Web-768x997.png 768w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Lafayette-Web-300x389.png 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Lafayette-Web-850x1103.png 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 1101px) 100vw, 1101px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Lafayette<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Antonieta respira a trav\u00e9s del aire h\u00famedo el hedor de la proximidad de sus verdugos, materializado en aquella muchedumbre que vivaquea en su propio refugio, donde la paz es un fr\u00e1gil equilibrio que una mala palabra o un gesto puede romper en cualquier momento. Est\u00e1 viviendo el punto culminante, el c\u00e9nit de su existencia. Hasta ese mismo instante ha sido reina de Francia, pero no sabe lo que ser\u00e1 al amanecer. Mar\u00eda Antonieta espera vestida con un traje ligero de paseo y un abrigo estilo Brunswick; no se ha quitado ni un momento los botines de gamuza, indispensables para sus planes de fuga. Hace ya horas que las sombras han ca\u00eddo sobre Versalles y Fersen no da se\u00f1ales de vida. La reina se preocupa por la vida de su amado \u00bfy si ha sido v\u00edctima de la delaci\u00f3n de los m\u00faltiples traidores que pueblan aquella minorada corte, donde la mayor\u00eda de los ministros ya contemporizan con la Revoluci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los fuegos se apagan, las conversaciones decaen con la lumbre, la vigilia se debilita, la lluvia remite y miles de almas humildes bajo los soportales van siendo poco a poco seducidas por el sue\u00f1o y arrastradas hacia el on\u00edrico para\u00edso de Morfeo. Fersen no aparece. La reina se aterra, el pavor que invade su coraz\u00f3n se vuelve tanto m\u00e1s inabarcable cuanto m\u00e1s se acerca el alba. Teme a la salida del sol tanto como a la ausencia injustificada de su palad\u00edn. La incertidumbre es peor que la condena y mil veces hubiera preferido sentir la certeza de que un piquete de ejecuci\u00f3n la acechase al amanecer antes que aquella eterna dilaci\u00f3n. Una camarera se acerca a Mar\u00eda Antonieta y le propone desvestirse, desprenderse de los botines de gamuza y del traje de paseo, pues sus pies est\u00e1n ya doloridos e hinchados por las muchas horas de espera. La reina, desacostumbrada al sacrificio, agotada y debilitada, accede; se desviste y descalza, dejando los borcegu\u00edes a los pies del lecho, cubriendo su blanca y vaporosa ropa interior con una camisola de dormir. Se siente abandonada definitivamente por la suerte y crece en su interior la preocupaci\u00f3n por su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son las cinco de la madrugada cuando un solitario disparo de pistola resuena en las escalinatas de palacio, sacando del sopor y del letargo a la Revoluci\u00f3n. Nadie sabe qui\u00e9n ha disparado, ni de donde proviene el eco de la detonaci\u00f3n; pero los instigadores del mot\u00edn se alzan sobre su relajo y lanzan a las mujeres al asalto de las habitaciones de la reina. Sin que nadie sepa c\u00f3mo ha empezado todo, antes de que los guardias flamencos o los soldados de Lafayette puedan siquiera saber qu\u00e9 sucede, las conjuradas son guiadas por c\u00f3mplices sombras a trav\u00e9s de escalinatas y corredores hacia las estancias reales, enarbolando su odio y gritando enardecidas con voces roncas los mantras de la revuelta. Un guardia ensangrentado irrumpe en los aposentos de Mar\u00eda Antonieta y tranca las puertas por dentro, con el tiempo justo para gritar a la reina que huya hacia los aposentos del rey. No hay tiempo que perder, disparos aislados y ruido de cristales rotos atruenan por todas partes; los guardias de corps de la reina han sido asesinados en las escalinatas y sus cabezas son clavadas sobre picas, como aut\u00e9ntico y sanguinario estandarte de la Revoluci\u00f3n. En cuesti\u00f3n de segundos, un golpeo r\u00edtmico de hachas y picos hace retemblar y tambalearse las hermosas y decoradas hojas de madera de su alcoba, que amenaza con ceder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reina desnuda, en ropa de dormir y descalza, sin tiempo a ponerse los botines que le han acompa\u00f1ado durante todo el d\u00eda, echa a correr por el pasadizo que comunica sus aposentos con los de Luis XVI, seguida por sus camareras y el \u00fanico guardia vivo. El sendero de la salvaci\u00f3n no es m\u00e1s que un atajo por puertas disimuladas que van abriendo el paso a trav\u00e9s de diversas estancias hacia el dormitorio real. El mismo camino que durante a\u00f1os Mar\u00eda Antonieta recorri\u00f3 en busca del fr\u00edo t\u00e1lamo significa ahora la \u00fanica v\u00eda de salvaci\u00f3n posible para ella. Desembocan con su carrera desesperada en la enorme antesala real, separada de los jardines por inmensos ventanales, justo cuando ceden las puertas asediadas y resuena el esc\u00e1ndalo lejano y postrero del saqueo del dormitorio de la soberana. Mar\u00eda Antonieta se detiene al escuchar una voz familiar al otro lado del gran sal\u00f3n, tras una infranqueable barrera de infantes suizos que custodian los aposentos del rey. Es Fersen quien grita desesperado, forcejeando con los suizos que le impiden el paso: \u00ab\u00a1<em>Majestad! \u00a1Por aqu\u00ed! \u00a1Seguidme Majestad<\/em>!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Antonieta no lo duda y, abandonando a sus damas, gira hacia aquella presencia que se vislumbra al otro lado del gran sal\u00f3n, hacia Fersen, tratando de dejar atr\u00e1s la horrible pesadilla. Pero los cristales de los grandes ventanales del enorme sal\u00f3n han sido rotos por los disparos y una lluvia de piedras y objetos que los amotinados han arrojado contra ellos. Las baldosas blancas y negras aparecen alfombradas de miles de diminutos y cortantes fragmentos de vidrio que espejean ante el tintineante resplandor de las velas de los candelabros que alumbran la escena. Apenas inicia la carrera hacia su salvaci\u00f3n, siente c\u00f3mo los fragmentos de cristal laceran su delicada piel, provoc\u00e1ndole dolorosos y profundos cortes que la hacen detenerse. Mira a su alrededor, toda la estancia est\u00e1 plagada de cristales; hirientes restos quebrados de lo que fueron las mejores ventanas de Francia. Da nuevos pasos hacia el otro lado y termina ahogando su impotencia con un l\u00e1nguido y desesperado gemido al sentir nuevos cortes; al percibir con agudo dolor c\u00f3mo un tibio fluido escarlata abandona su cuerpo a trav\u00e9s de los profundos surcos que aquellas cuchillas fortuitas han abierto en sus pies; al ser consciente que no puede avanzar m\u00e1s, que est\u00e1 atrapada. Contempla sus huellas ensangrentadas sobre las baldosas y lanza una \u00faltima mirada anegada en l\u00e1grimas hacia Fersen, percat\u00e1ndose que nunca llegar\u00e1 a sus brazos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una reina no puede huir descalza. Nunca antes, la ausencia de unos sencillos zapatos hab\u00eda condicionado de tal manera la suerte de una naci\u00f3n. Todos los sufridos d\u00edas que le resten de vida, Mar\u00eda Antonieta se acordar\u00e1 de aquellos suaves botines de gamuza, que la hubieran permitido huir de su pueblo, de su destino y sobrevivir dejando atr\u00e1s la maldici\u00f3n de una reina.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"735\" height=\"486\" src=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cristales-rotos-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-235\" style=\"aspect-ratio:1.3363647100507854;width:386px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cristales-rotos-1.jpg 735w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cristales-rotos-1-300x198.jpg 300w, https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Cristales-rotos-1-350x230.jpg 350w\" sizes=\"auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u00ab<em>la estancia est\u00e1 plagada de cristales; hirientes restos quebrados de lo que fueron las mejores ventanas de Francia<\/em>\u00ab<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ocasi\u00f3n se ha perdido; resuenan los gritos de los revolucionarios y la Guardia Nacional, encabezada por Lafayette, irrumpe en la escena conteniendo a los amotinados. Mar\u00eda Antonieta, ayudada por sirvientes, logra salir del mar de vidrios rotos en direcci\u00f3n contraria a su salvaci\u00f3n y refugiarse en el sombr\u00edo t\u00e1lamo, tras un dosel. El rey y sus ministros se avienen una vez m\u00e1s a la negociaci\u00f3n; los pol\u00edticos se hacen cargo del mot\u00edn, cobr\u00e1ndose sus buenos r\u00e9ditos y arrog\u00e1ndose el m\u00e9rito de haber salvado la vida de la reina a cambio de nuevas claudicaciones y la entrega de toda la regia familia a la tutela de la legalidad republicana. Esa misma tarde, Luis XVI y su familia abandonan Versalles para siempre, rehenes de su propio pueblo y escoltados hacia Par\u00eds y su destino por ocho mil mujeres satisfechas y orgullosas de su presa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre las <em>furias<\/em>, camina una joven costurera de apenas diecis\u00e9is a\u00f1os, que trata infructuosamente de estirar su andrajosa falda para ocultar unos suaves y delicados botines de gamuza, amarillo p\u00e1lido, con leve tac\u00f3n, coronados por sendas hebillas de plata que le reportar\u00e1n unas cuantas libras con las que mitigar su hambre y comprarse alguna ropa usada, cuando sean empe\u00f1adas por alg\u00fan prestamista del suburbio de Saint-Aintoine. Nadie sabr\u00e1 nunca que, sobre aquellos zapatos, jugoso bot\u00edn de la joven muchacha, repos\u00f3 una vez la \u00fanica esperanza de salvaci\u00f3n de la reina de Francia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Rub\u00e9n Mayoral.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:28px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-fe48e5de wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button\"><a class=\"wp-block-button__link wp-element-button\" href=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\">Volver a Blog<\/a><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-button\"><a class=\"wp-block-button__link wp-element-button\" href=\"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/relatos\">Volver a Relatos<\/a><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La reina Maria Antonieta pasa sus \u00faltimos d\u00edas en Versalles, recorriendo el petit Trianon y aquellos lugares donde vivi\u00f3 feliz e indolente, mientras la sombra de la revoluci\u00f3n se cierne sobre ella. Todo parece perdido, aunque el infortunio ha hecho revivir a una mujer que parec\u00eda aplastada por las circunstancias. Decidida, jugar\u00e1 su \u00faltima carta.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":238,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"cybocfi_hide_featured_image":"yes","footnotes":""},"categories":[4],"tags":[15,13,14,7,17],"class_list":["post-210","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relato","tag-concurso-de-relatos","tag-maria-antonieta","tag-revolucion-francesa","tag-ruben-mayoral","tag-zapatos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/210","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=210"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/210\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":277,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/210\/revisions\/277"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/238"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/rubenmayoral.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}